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29-05-2018
Carta de despedida de Álex Mumbrú

Orgullo. Es lo primero que siento. Acabo de colgar las zapatillas y es la primera vez que hablo con vosotros, con la gente que me quiere, en mi nueva vida de exjugador. Y me siento orgulloso, mucho, de un larguísimo camino recorrido que con el tiempo me recordará todo lo que me ha dado el baloncesto. Y con él os recordaré a vosotros. Sé que ha sido mucho, ha sido todo.

 

Recuerdo a un Álex niño al que su padre llevaba cada día de Barcelona a Badalona a entrenar. Era el protagonista de una aventura, un chaval que dejaba volar su imaginación y se veía algún día llegando a ser jugador profesional. A la vuelta de cada uno de esos viajes estaba cansado, pero eufórico por estar seguro de que ese sueño se cumpliría. Del "ojalá pase alguna vez" a estar más de veinte años en las canchas, junto a los mejores, viviendo experiencias únicas. Me puedo dar por satisfecho.

 

Puse el trabajo, la obstinación, la dedicación y el alma para conquistar mi sueño, pero mi crecimiento nunca hubiera sido posible sin mis entrenadores. Todos y cada uno de ellos durante estos 30 años de baloncesto han ido modelándome, dándome forma como jugador y persona. En Badalona, Madrid, Bilbao y las selecciones españolas siempre he encontrado técnicos capaces de buscar algo en mí que incluso yo desconocía tener. Y se mostraron decididos a sacarlo, a exprimirlo, a incluirlo y potenciarlo.

 

Mi profundo agradecimiento a cada uno de ellos, y como no a todos los compañeros con los que he compartido mi vida en las canchas. Miles de horas de pista, vestuarios, hoteles, aviones, escuchando una docena de idiomas.... Ellos han formado parte de mi vida, en lo bueno y lo malo. Creo que siempre he estado rodeado de los mejores, en lo deportivo y en lo personal. Me quedo con los tres que me han acompañado hasta el final: Raül, Axel y Sergio. Ellos son la demostración de la suerte que he tenido a lo largo de este camino. He ganado títulos y medallas, pero para mí no hay nada más valioso que un amigo.

 

Y nadie puede sentirse pleno sin una gran familia. Como cada uno piensa de la suya, la mía es la mejor del mundo. Me siento un privilegiado. Tengo unos hijos que dan sentido a mi vida y sacan lo mejor de mi, el padre que se merecen. Soy el más afortunado del mundo con mi mujer, que tantas veces ha tenido que lidiar con la cara oculta del jugador, la de sus miedos, frustraciones, enfados y tristezas. Cuando las cosas no salen los problemas parecen quedarse a vivir a tu lado, y eso es algo que no podría haber superado sin ella. Os quiero.

 

Cierro los ojos por un instante y vivo de nuevo los miles de detalles, atenciones y muestras de cariño que me ha mostrado el público. Aficionados que seguro me han dado mucho más de lo que he merecido, pero que sin los cuales mi vida deportiva no habría tenido el mismo sentido. Estas últimas semanas han sido muy duras, porque luchaban el dolor por fallarles y no poder poner al equipo donde ellos merecen que esté y el agradecimiento por las toneladas de cariño que culminaron en Miribilla y Burgos con dos instantes imborrables, inimaginables.

 

No me marcho del baloncesto. Sólo he colgado las zapatillas. En lo que me depare la vida desde ahora habrá la misma pasión que el 15 ha llevado siempre por bandera. Y ojalá tenga la suerte de que estéis cerca y seguir contando con vuestra compañía y cariño. Os echaré de menos. Gracias.

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